Por fin ha terminado el primer debate electoral entre Zapatero y Rajoy. Creía que me iba a quedar dormido en la silla, pero no, he aguantado el tirón soportando el peor debate electoral que podía imaginar. Tanta expectación creada para luego ofrecernos un espectáculo totalmente mediocre.
Ha sido un cara a cara totalmente infantil, y es que tenían muy claro los dos candidatos la estrategia a seguir. No sé lo que cobrarán los asesores de ambos partidos, pero lo que sí puedo deducir es que son de la vieja escuela del “y tú más“. Una auténtica lástima porque podríamos haber asistido a un debate lleno de respeto; si no se respetan entre ellos ¿cómo se van a ganar el respeto de los ciudadanos? Por no hablar de la crispación que eso produce en la sociedad. Son líderes políticos y tienen la obliación de dar buen ejemplo, y no el ejemplo bochornoso que nos han ofrecido.
Una oportunidad perdida para conocer más sobre sus propuestas, sobre sus proyectos, sobre su idea de España para el futuro… para demostrar nivel cívico e intelectual… para conectar con la gente, con los que estábamos pegados al televisor. Sin embargo, dos personas que no hacen más que echarse mutuamente los trastos a la cabeza no pueden conectar más que con los seguidores fanáticos, que no permiten el mínimo espacio en su cabeza para la duda, para el razonamiento, para la búsqueda de una verdad. Ellos ya tienen su verdad grabada a fuego, y no necesitaban este debate.
El resto, la gran mayoría de los españoles, teníamos necesidad de ver confrontados dos proyectos políticos que nos ilusionaran, que fueran tan buenos y brillantes que nos hicera muy difícil decidirnos, y no la imagen mediocre de dos personas peleándose y echándose el pasado a la cara. En definitiva, esperaba que nos valoraran y que nos tomaran más en serio a los ciudadanos y a nuestros votos.
Ahora mismo no tengo ni idea de quién ha sido el ganador del debate. Lo que tengo muy claro es quién ha sido el perdedor: todos los que hemos gastado dos horas de nuestro tiempo sentados delante del televisor, abochornados y sintiendo vergüenza ajena.
(Foto: El Mundo)